martes, 23 de abril de 2013
Lunático
Se encuentra a si mismo parado en el filo del acantilado, mirando la ciudad abajo.
Es la noche y la noche es silenciosa. Oscura, sin luz, salvo por sólo una luz blanquecina, brillando del techo de un edificio comercial de cinco pisos en el medio de todo. Iluminando las ventanas de los edición vecinos, dando a esa parte de la ciudad un tipo raro de brillo etéreo.
Respirando pesadamente, se mira a si mismo. Sus ropas están desgarradas, y no tiene zapatos. Como los perdió, apenas lo recuerda. De hecho, apenas recuerda como hizo el viaje aquí, todos son pequeños pedazos y piezas en su mente que no encajan.
Aún así, sabe claramente lo que debe hacer.
Todo ese correr sin rumbo lo ha cansado, se dice a si mismo. Bajare a la ciudad, a esa tienda de cinco pisos en el medio de todo.
Ahí encontraré a la Luna, y Yo haré que Ella me ame.
Más fácil decirlo que hacerlo, se dice así mismo horas después, mientras lucha por encontrarse a si mismo en la más mayormente oscura ciudad. Aunque el tenga Su luz en la tienda de cinco pisos para guiarlo, había momentos en los que debía girar en una esquina, navegar a través de edificios abandonados y entonces no habría luz.
Es u ha un crujido horrible bajo sus pies, y salta.
Mira bajo.
Un cráneo. Lo que queda.
Vagamente recuerda algunas de las historias ahora, los susurros, las advertencias.
El monstruo
No se a encontrado con Eso aún, pero Eso puede sentirlo. Bastante. Cerca. A. Él. En cualquier momento, espera que salte de una esquina no iluminada, arrastrarlo fuera de Su luz, en las sombras, y reducirlo a uno de los huesos rotos desherbados por la ciudad vacía
Otro crujido.
La ciudad esta vacía.
Se pregunta porque.
...
Y entonces deja de preguntarse.
Se dice a si mismo una y otra vez, mientras avanza a metros por la ciudad, siguiendo Su luz, acercándose cada vez más al edificio comercial de cinco pisos en el medio de todo. Ahí Yo encontraré a la Luna, y Yo haré que Ella me ame.
Y repentinamente, se encuentra a si mismo frente a Su puerta, en el edificio comercial de cinco pisos en el medio de todo. Mira hacia arriba. Aquí, Su luz brilla de las ventanas. Toma un momento para contemplarlo, absorverlo todo. No importa el monstruo. El apenas recuerda la última vez que vio la luz de tal brillantez.
Y entonces toca la puerta.
La luz en el techo de la tienda comercial parpadea, y entonces se fué.
El parpadea, y ve la luz de nuevo, brillando intensamente en el cuarto piso. Y entonces el tercero. Y entonces...
La puerta se abre, y allí esta Ella, en toda Su gloria creciente, mirándolo con soberbia.
Traga saliva, y aclara su garganta.
Hola, le dice. Estoy aquí, y quiero hacer que me ames. Pero primero necesitas dejarme entrar, o sino el Monstruo ahí afuera seguro me atrapará.
La Luna esta en silencio. Lo mira con soberbia. De repente se da cuenta que hay una cierta... frialdad a Su luz. Él tiembla.
Como alguien de quien te has enamorado, a quien apenas puedes entender.
No me importa, él dice, y lo dice en voz alta.
Tu puedes ser tan fría, tan llena de misterios. Tu tal vez nunca me des una respuesta, o alguna reacción jamás. Yo quizás nunca sienta ninguna tibieza de Tu luz. Quizás nunca encuentre una manera de alcanzarte. Podríamos usar el resto de nuestros días solo mirándonos entre nosotros extrañados, sin saber que hacer el uno con el otro.
Pero. Todo ese correr sin rumbo me ha cansado.
Te he encontrado a Ti, y ahora, de alguna manera. Yo quiero hacer que Tu me ames.
Y entonces siente... algo. Como si la Luna hubiera suspirado. Lo cual es algo raro. Puesto que las Lunas no suspiran. Él la ve a Ella voltear, y subir las escaleras. Él esta apunto de voltear y caminar de vuelta a las sombras, resignado a su destino, pero entonces se detiene, y se da cuenta que la puerta aún esta abierta.
Y el par de pantuflas al costado de la entrada.
Rápidamente se coloca las pantuflas y corre escaleras arriba, tras Ella, tras Su luz. Él la encuentra en el mismo techo de la tienda. Hay almohadas y sábanas cerca de la ventana. Él la abraza a Ella, bañándose en su luz.
Y ahí se acuestan por muchas, muchas noches, por que todos los días se habías ido.
Hasta qué una noche, cuando voltea perezosamente, y la mira. Acostada a su lado, tan brillante, tan redonda, tan llena... tan-
...Se encuentra a si mismo parado en el filo del acantilado, mirando la ciudad abajo.
Es la noche y la noche es silenciosa. Oscura, sin luz, salvo por sólo una luz blanquecina, brillando del techo de un edificio comercial de cinco pisos en el medio de todo. Iluminando las ventanas de los edición vecinos, dando a esa parte de la ciudad un tipo raro de brillo etéreo.
Respirando pesadamente, se mira a si mismo. Sus ropas están desgarradas, y no tiene zapatos. Como los perdió, apenas lo recuerda. De hecho, apenas recuerda como hizo el viaje aquí, todos son pequeños pedazos y piezas en su mente que no encajan.
Aún así, sabe claramente lo que debe hacer.
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