martes, 23 de abril de 2013

El hombre y su luna


Adam tenía ocho años cuando se casó con la luna.

Miró hacia hacia el cielo una noche y le dijo a la luna que la amaba y deseaba con todo su corazón de ocho años que pudiera pasar el resto de su vida con ella.

Su madre protestó contra el matrimonio, por supuesto. Llego la luna a la corte, diciendo que no era justo para un satélite de cuatro billones de años atrapar a un niño en matrimonio, pero la opinión pública estaba en contra de ella. Las personas pensaban que era demasiado romántico para un niño casarse con con la luna y la madre de Adam canceló los cargos antes de que fueran a juicio. Y por muchos años, Adam y la luna fueron muy felices. Nunca hubo un chico menos solitario; nunca un niño más a salvo que Adam estuvo bajo su protectora mirada. Cuando el tenía sueño, ella lo arroparía con una nube sobre su rostro para que pudiera ir a la cama sin miedo de estar negando a su esposa.

Pro cuando otros muchachos están toqueteandose con sus novias en la oscuridad, el adolescente Adam no podía escapar al desnudo brillo de la luna. Mientras deslizaba su inexperta lengua sobre las puntas de su curva creciente, se preguntaría si había acostado con asteroides o dinosaurios y mongoles conquistadores. El miro su decreciente hombría maniobraba a su lado oscuro.

No fue hasta los veintidós y con su diploma en astronomía (una carrera que la luna había insistido) que al fin tuvo el valor de decirle, "Siempre te amaré, pero como un niño que ama la luna, no como un hombre ama a su esposa". Su divorcio dio muchos encabezados, pero después que la publicidad desapareció, Adam conoció a Estela, una compañera astrónoma quien pensaba en la luna en términos de regolito y mares tranquilos.

La luna nunca intentó contactarlo, pero Adam la vio siguiéndolos a el y a Estela en citas e incluso tratando de brillar a través de las cortinas mientras hacían el amor. Él se casó con Estela en la noche de la luna nueva; él no creía en invitar a ex a la boda.

Después de que encontraron su cuerpo lánguido cuerpo del océano, un oficial le dijo a Adam que ella debió haber sido atrapada por una poderosos marea traída por la luna llena. Adam pasaba noche tras noche llorando en el cuanto que él y Estela habían compartido, cartones pegados a las ventanas.

Aguanto por siete meses completos antes de quitar la cinta adhesiva y gritar a la luna a bajar a él. En su sexo, estaba furioso como un conquistador mongol, pero su mente era consumida por ahogantes mareas. Cuando acabaron, encendió un cigarrillo y, sin mirarla, dijo, "Tu protegiste a Estela toda su vida, como tu me protegiste a mi. Como así pusiste matarla?" La luna dijo nada, simplemente meciéndose atrás y adelante en sus sábanas compartidas. En la mañana, se había ido.

 Cuando le preguntaban acerca de su milagrosa construcción de la nave espacial Helios, María le decía a los reporteros que el diseño le vino una noche durante una luna llena. Helios llevo a María y Adam y cinco docenas de otros hombres y mujeres a las congeladas costas de Titan, donde vivirían el restos de sus días. Algunas noches, Adam observaría la pantalla que traza el movimiento del sistema solar y recorrería sus dedos por el camino de la luna. En esos momentos, sabía que ella de verdad lo había amado.

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