Él no tiene conciencia de como empieza o como termina. Ella tiene interés solo del cuello para arriba. Él la ve como un hombre, que se pierde en su propia mente, debe ver a una mujer, completa. Ella lo ve como una mujer, interesada por sus palabras y acciones que le confiesa, observa un hombre, concreto. Él tiene miedo de llegar a arruinar sus momentos alegres. Ella teme que él la enamore. Ambos son solitarios, ambos detestan la soledad. Ninguno quiere cambiar, ninguno pide más que el otro aparezca en el carro al menos una vez en su día.
Él no duda de que quiere o hace. Mantiene su ego al límite, precaución para que no se interponga en su pensar. Muestra juventud en una sonrisa, vejez cuando se concentra y transmuta con la situación. Su cabello moreno, terco, y con voluntad propia. Su cuerpo ha crecido a pesar de haber llegado a su límite de edad. Mantiene pequeñas rutinas que lo ayudan a mantenerse en forma, algunas más saludables que otras. Es un camaleón demasiado grande para camuflarse. Su vitalidad es sólo superado por su falta de sentido común y lo abstracto de su hablar. Su vestimenta es variada y sin orden, sin consistencia o estilo definido, clara muestra del parásito de la tristeza que se alimenta en los valles de su mente.
Ella solo vive sus días pensando en lo que hará de interesante. Se ama más que a nadie, y sabe que lo hace sanamente. Odia a todos por igual, y respeta a todos por igual, no habla ni se acerca. Su cuerpo es sensual y deseado por todos, ella lo detesta y lo descuida. Su altura intimida y su postura desafía. Un rostro delicado que resalta con su piel trigueña. Su cabello largo arreglado con el viento. No quiere ser notada por los ojos carnales de los hombres, lo muestra con el orgullo de un collar de diamantes. Es estática en su forma de ser y solo es superada por las estatuas que le gusta dibujar. Te habla con desdén puro y desprecio. Te discute con el interés de ver el final, sólo quieres divertirse. Se viste para mostrar sus atributos, burlándose de las miradas e ideas de sus admiradores. A veces le gusta ser práctica, otras veces solo se pone lo primero que ve.
Son sólo dos horas en el recorrido, ambos odiando mayo, son lo más reales que pueden. Todos los días coinciden en el paradero, todos los días se ignoran a conciencia. A inicio de mes, en el paradero, el chico le dice "hola", ella le dice "muérete". Ambos suben al carro y soportan a regañadientes la presencia del otro. Cuando el chico esta bajando, ella le dice "hasta mañana", él le dice "jódete".
Doce horas pasadas.
Él sube en su paradero de siempre, la encuentra sentada como siempre. Ella le dice "ven", él le responde "nunca". Al llegar a su paradero ambos bajan, y se miran. Se dan la espalda y él dice "no me vuelvas a hablar", ella responde "tu no me mandas".
Todos los días se llaman cuando uno llega al paradero, el otro solo cancela la llamada. Hablan de realidades que circundan la ciudad, sus familias, sus amigos, y a si mismos. Ella le habla de como deberían hacerse las cosas y las hipocresías del mundo, él muestra su cinismo y le muestra como nada cambiará. Ella lo presiona para sacar algo que no se haya escuchado antes, él solo le responde lo esperado. Lo abofetea, él responde con la misma moneda. "Ahora es una verdadera conversación". Se gritan. Se ignoran. Se ríen. Se preocupan. A veces se extrañan, otras veces no se aguantan. Su interés puede ser en sus libros de cada uno o sólo mirar pasar el tiempo y personas por la ventana. Corren en el frío para sudar las tristezas. Comen dulces y toman té para desahogar sus penas. Se visten para divertirse a costas del otro. Juegos inventados en el momento. Las probabilidades son infinitas para ambos, y son pocas al alcance de sus manos. Ella le muestra sus dibujos que tanto ama, él los quema. Él le muestra el arte de sus manos, ella los rompe. Se maravillan en la belleza de lo horrible y en lo liberador de su destrucción.
No tiene nombres, pero si tienen los números de teléfono de cada. Él es el 8 infinito que nunca se mantiene y la distrae. Ella es el 7 que hace su propia suerte y elude a todos. Sus límites son esos kilómetros entre paraderos, ni un paso más. No se buscan, sólo se esperan. No se soportan, se extrañan.
Se protegen y se exponen. Se admiran, y se repelen.
El desea escapar de esa prisión que se ha vuelto, ella también. Ambos saben que quieren pero no desean cambiar lo feliz. Ambos saben que quieren del otro, ambos no pueden pedirse eso. Son uno en mente, pero temen más allá. Temen la felicidad que sólo se burla de ellos.
Se desean como se deben desear un hombre y una mujer. Se tocan como deben hacer unos enemigos mortales. La distancia entre ellos es inviolable y eterna. La luz en sombras de sus almas que radia como una estrella falleciendo en la infinidad del universo. Se interesan y preocupan, se ignoran y superan.
Uno de ellos dará un paso que asustará al otro, el otro se asustará y ya no serán los desconocidos.
Se acaba mayo del odio, y un teléfono suena, contesta y se escucha una voz que dice "ven por mi", le responde "buena suerte".