miércoles, 6 de noviembre de 2013

Otra noche de estrellas. Viendo plumas negras.

Otra vez me golpeado la cabeza contra la ventana, puedo notar el entumecimiento en mi sien derecha. Podría ser que otra vez me dormí en el carro si no fuera por esta sensación de confusión tan familiar. No es uno de esos vehículos apretujados del transporte público que tanto me irrita en Lima, es una furgoneta muy cómoda y la calefacción esta prendida. Puedo ver los cerros a lo lejos, es de noche y no hay luz en las cercanías, sólo puedo observar sus siluetas a penas visibles en estas noches sin luna. A penas las luces de la furgoneta pueden alumbrar parte del camino y el lado derecho de la pista, mostrando unos cuantos hierbajos amarillos. Toco la ventana y se siente frío al tacto. Al parecer estoy en la Jalca, no me imagino para que rayos me habrán mandado aquí. Algunas veces he acampado en zonas así, pero que me manden tan de repente y sólo con lo que traigo puesto me preocupa bastante, las noches son frías y secas, sin mencionar que no hay lugares cercanos a la vista donde buscar comida y el hecho que no conozco la zona, bien podrían darme un tiro en la cabeza y ahorrase el problema de abandonarme ahí. 
Enfurruñado me levanto del asiento del fondo a hablar con el conductor, de repente mis pies chocan con algo pesado y aforme. Es una mochila grande y color negro, bastante llena al parecer por como se ve hinchada. Con algo de esfuerzo la coloco en mi regazo, no puede ser una buena señal. Dependiendo de la dificultad del trabajo me mandan con algún equipo o información, desde nada hasta informes completos con una pistola, la última vez solo me dieron un foto de mi objetivo, que al final no fue de mucha utilidad porque no era un rostro fijo, sólo usaba esa cara robada para coquetear con chicas en parques. No me dio pena ahorcarlo con las cadena de su moto, al final era robada y se comía a las personas cuando se las llevaba a un lugar más aislado. 
A simple vista hay dos botellas en los bolsillos laterales y un termo amarrado al frente, una botella es de agua, no tiene etiqueta y su sabor es adecuado sin rastros de energizantes; la otra botella es de alcohol médico, parece que esperan que me lastime bastante esta vez; abro el termo y huele a maca tibia con un ligero rastro a leche, estuve tan dormido que se enfrió en el contenedor al vacío. 
El primer bolsillo delantero contiene apositos, vendas de tres diferentes tamaños, unas cuantas agujas para suturas de hilo fino, dos inyecciones de adrenalina, cuatro más de morfina y una pequeña botella de yodo. Esto no puede jugar bien en mis probabilidades de supervivencia. Entre nosotros conversamos, algunos comparte sus secretos con la esperanza de aumentar sus esperanzas de vida, otros sólo buscan respeto o sólo quieren alardear de sus logros. Sólo importa prestar atención y entender que puedes hacer para mantenerte vivo. Ser rápido, pensar diferente, siempre moverse, entrenarse en tiempo libre, mantenerse fuera de la zona de fuego del otro, no hacer amigos, no discutirlo fuera de nosotros, cosas por el estilo. Termino de organizar los objeto del bolsillo delantero, saber donde esta cada cosa es importante y ahorra tiempo, tiempo que necesito, tiempo que corre, tiempo que acaba en cualquier momento, ¿cómo es que llegué meterme en estas cosas? Sé qué algunos los secuestran como yo al inicio, pero luego uno se acostumbra. Necesitan la caza por el dinero o la emoción. Nos pagan poco en neto, la mayoría termina casi a un centímetro de la muerte, gastando todo en los "huaqueros". Contratar sus servicios es en si un sacrificio, pero lo hacen valer. Heridas, fracturas, cortes, eviceraciones, miembros, infecciones, lo curan y regeneran de todo, pero no del todo. Sólo pueden curarte hasta una semana antes, ninguno trata más allá, vaya a ver que razones tendrán. Y sólo aparecen después de un rapto, como buitres te ofrecen alivio y salud. Algunos son unos completos fraudes, por eso siempre tienes que buscar un regular en el que confíes lo suficiente.
La última vez gasté casi toda mi paga sólo por un hombro dislocado, unas cuantas heridas y dos dedos del pie derecho, el gordo y el segundo. No quiero imaginarme como lo hacen, ni que deben entregar para tener esa habilidad. Sólo les pagamos y nos arreglan.
El segundo bolsillo esta llenó de fundas. Saco la más próxima a mi mano y la coloco encima de la mochila. Es una cubierta de cuero y esta envolviendo algo, es del tamaño de mi antebrazo y siento la rigidez de un objeto que me suena familiar. Es un estileto, doble filo, asumo que debe ser acero, afilada recientemente y el mango cubierto de cuero. Ya antes me habían dado una de estas, para apuñalar, método muy violento, tendría que acercarme demasiado para hacer su uso efectivo. En la mochila había otros cinco más, cada uno igual de pesado y de apariencia mortal. En el fondo había unas cuantas piedras para afilar, rectangulares y lisas. También había un arnés para que pudiera montar las cuchillas en mi cuerpo. Decidí que sería mejor hacerlo ahora, quien sabe si les vendría en gana dejarme en esta tierra en medio de nada. A quien le haya ocurrido hacer estas cosas debió ser alguien con mucho tiempo libre, las correas y arneses a veces me marean. La maleta con el traje debajo de todo es lo más difícil de ponerse, es tan apretado pero permite respirar bien y me ayuda en emergencias. Sólo por llevar el traje de que estoy vivo. Un traje de cuerpo completo con zapatillas y guantes que cubren desde mis tobillos hasta el cuello. Una vez apretado todo, se ajusta y bota todo el aire. Se siente muy natural. Colocar las cuchillas en sus fundas respectivas y me percato que queda dos correas en la cintura vacía. Sigo buscando en el fondo y encuentro una maleta de cuero negra. Grande fue mi sorpresa al ver un viejo amigo. Colt Python .357 Magnum barril de 15 cm, cargada y a su costado dos cargadores rápidos llenos. Fue un regalo de la primera vez que vine, el antiguo dueño era una maniaco de las armas que ayude en una de las expediciones, me dijo que me quedaba mejor a mi que las semiautomáticas, tenía suficiente juicio como para saber cuando era necesario usarla y cuando mantener la cabeza fría. Sinceramente creo que me juzgó mal, en ningún momento sentí que me correspondían esas cualidades, aunque le estoy agradecido por el arma que no necesite usar tantas veces, veces que me salvaron la vida por sólo un click. Después de admirarla un rato y ver que estaba todo en orden la coloque en mi funda derecha. Aún quedaba el asunto de la última correa pero no quería pensar en eso ahora, seguro fue un error al conseguir las correas. En el bolsillo final encontré un equipo pequeña de supervivencia, una linterna montable, dos pares de pilas, fósforos aprueba de agua y una brújula. Extrañamente no encontré el marcador, supongo que me lo darán al salir. Me coloque la linterna entre las correas para que pueda ver en la noche y tener las manos libres, no quiero caerme sólo por tener que sujetar una linterna. Las baterías las tendré en el bolsillo de la pierna izquierda y los cargadores en la derecha, no será difícil de recordar, aunque sentía que el peso era algo desequilibrado.
Tomé unos minutos para descansar y decidí volver a hablar con el conductor. En las dos hileras había otras cuatro personas aún dormidas, uno con una botella de whisky en la mano, seguro lo trajo consigo en el rapto.
El conductor parece como cualquier otro en un tour, una saco deportivo sobre un conjunto formal para aparentar, son las botas de caminata al aire libre y la pistola de tobillo lo que no encajan. La frente la tenía ya llena de arrugas a pesar de no hacer expresión alguna y de su juventudes sólo quedaban mechones negros en la temporal. Conocía el camino bien, seguro no era la primera vez que traía gente por esta zona. 
"¿Esta va a ser una noche tranquila no?" Le pregunté. "Para mi lo va ser, para ustedes no. Es luna llena y sólo tendré un momento para dejarlos y largarme antes de que vengan." Me dijo con un tono preocupado. Ciertamente, como un fantasma, la luna llena aparecía entre las nubes y su espectral luz iluminaba los paramos más allá lo que llegaba los faros de la furgoneta. Podía ver pequeños reflejos en el suelo, bastantes, quizás áreas pantanosas o llenas de pozos, no me daban buena espina. "Aquí tienes" me dijo repentinamente mientras me arrojaba una funda larga y pesada. Lo tomé en mis manos y mientras calculaba su peso me percate lo que era. Era Prometheus, mi espada favorita, no quería ni imaginarme como es que sabían donde estaba y cuando lo sacaron de su escondite. Mi inicial alegría por tenerlo a mi lado dio lugar a una realización nada cómoda. "No haremos expedición esta vez. ¿No?" Le dije en un tono de hombre condenado. Me respondió mecánicamente. "No, hoy son cazadores. La cuota es tres esta vez. Es más de lo que son capaces y menos pagados que en otros trabajos. Si no te gusta no me importa, discútelo con los puestos altos si vives al final. Recuerda, sin cuota mínima no hay vuelta. No tengo el mínimo interés en arriesgar mi trabajo o mi cuello porque ustedes no pudieron cumplir. Si resultas ser un problema cuando venga te eliminaré. Este auto sólo funciona conmigo ¡y si intentan algo todos se quedarán atorados aquí!" Me di una vuelta y observe como la mirada de todos caía en la nuca del conductor, se sentían como las frías cuchillas en mi pecho. Eso resolvía el asunto de la última correa, asegure bien los seguros con la vaina para que no se deslizara. Limpié la hoja con un pañuelo y tras revisar la envaine y me senté. 
El silencio era asfixiante, ninguno de nosotros esperaba que nos eligieran de cazadores hoy, y menos con una cuota tan alta para nuestro trabajo habitual. Nosotros sólo somos rastreadores, tenemos cierto tino par encontrar sus rastros y, de vez en cuando, nos encontramos a un vivo. Cuando encontramos sus rastros, lo catalogamos y registramos en el marcador para que en la central puedan seguir sus pasos y mandar al equipo de limpieza para matarlos. De vez en cuando por capricho de ellos, teníamos que reemplazarlos, no tenemos opción, aceptamos el trabajo porque no creíamos que tuviéramos que tomar sus lugares. En lo que voy del trabajo, quedan menos de la mitad que conocía al inicio, el resto son nuevos que posiblemente morirán hoy, los más experimentados saben esperarlos y sólo esforzarse por sobrevivir. Los nuevo sólo se quedan cayados de nerviosismo. Yo, sólo estaré quieto y disfrutare lo que queda del whisky, en serio la vida es corta.
Me pongo a pensar en todo lo que deje por el momento. Y de la nada viene a mi mente esos pensamientos que son producto de la nostalgia escondidos en lo profundo de nuestro ser. Ojalá Christian estuviera entre los vivos, algún comentario sarcástico o respuesta ingeniosa. No entiendo la injusticia por haberme enfermado así y perder todo lo que gane con tanto esfuerzo y sacrificio. No acepto la mala suerte de que mi cuerpo ahora sea una sombra de lo que fui. No puedo creer que tantas personas me digan ángel. Ángel. Si alguna vez fui algo parecido sería a un ángel caído, definitivamente no soy un santo y tengo pensamientos pervertidos y maliciosos ocasionalmente. Un ángel caído en desgracia me parece que me califica perfectamente, ese sería un título que podría aceptar. Pero, ¿cuál sería el motivo que me hizo caer en desgracia? Se me ocurren tantos motivos y razones... 
"¡10 minutos, tomen sus estimulantes!" Grita el conductor. Su voz esta tensa, supongo que debería tener miedo también, es luna llena y serán noches peligrosas. 
Rojo para acelerar el cuerpo y morado para eliminar todas las toxinas. No se cuanta certeza haya en esas instrucciones que nos dieron, sólo sé que funciona. Regano la conciencia y mis reflejos, me siento más centrado. El blanco hay que guardarlo solo para último recurso, cianuro. Me ajusto el traje y me coloco encima la casaca y pantalones para esconderlo.
Debo concentrarme. Inicio el mantra. Recuerdo las tristezas y vergüenzas. Recuerdo mis furias y mis frustraciones. Recuerdo mis miedos e inhibiciones. Recuerdo las mentiras. Me libero de todo para pensar en el momento.
Siento el carro detenerse y me adelanto, me gusta salir primero. Quiero darle una oportunidad a los nuevos de que se acostumbren al ambiente. Siento la mordedura del frío seco en mi rostro, veo casa al fondo del camino y pocas luces prendidas, el reloj del guía en mi muñeca me dice que son las 10PM. La noche aún es joven...